sábado, 23 de noviembre de 2013

Balkan Beat Box



     Los Balcanes deben de ser preciosos. Cuando no hay niebla. Y es que no hemos visto nada de nada. Todo el camino nos ha perseguido una niebla espesa que no dejaba ver a más de dos metros. De vez en cuando había algún claro y hemos podido ver algún hayedo, tramos de coníferas y prados alpinos. Pero no encontrábamos donde parar. Con la lluvia los pocos entrantes estaban embarrados y no nos podíamos arriesgar a quedarnos enganchados. Y en todo el camino, ni un pueblo. O al menos no lo hemos visto. Así que nuestra visita a los Balcanes ha sido subir la montaña y bajar la montaña. ¡Con la ilusión que nos hacía! Hemos parado en el primer pueblo después del parque esperando algo especial, pero no. Nos está costando encontrar sitios bonitos en Bulgaria. Quizás no sea un país para nosotros. Seguramente tiraremos hacia Turquía sin encantarnos demasiado.


(13 noviembre 2013)

¡¡¡¿¿¿Ésto es una paella???!!!

¡Vaya birria de paella que hice! Ni las congeladas del Dia están tan malísimas! No se si fueron las gambas que parecían de cartón, o los guisantes que no se cocían ni a la de tres, o el arroz de dudosa procedencia, o la inexistencia de pescado en el caldo... La cuestión es que nunca había hecho una paella tan asquerosa. No es solo que no supiera a paella, es que ni si quiera estaba bueno como arroz con verduras. Encima la saqué antes de tiempo y tuvimos que ponerla en el horno para que se acabara de hacer. Menos mal que Shelly hizo una deliciosa ensalada de espinacas y el Raúl una tortilla de patatas y arroz con leche. Para colmo, había invitados. Una pareja inglesa y otra búlgara con un amigo. Algo se debieron oler porque todos trajeron postre... Mira que le puse cariño, pero nada. ¡Menuda manera de despedirse!”No será para tanto” diréis. Pues sí. Ya les dije a todos que si alguna vez iban a España, pasaran por nuestra casa a comer una paella de verdad.




Al día siguiente acabamos de recoger todo y marchamos de Lomtsi en dirección a Veliko Tarnovo, la antigua capital del país. Shelly nos había dicho que era muy bonita, pero tampoco nos hacíamos muchas ilusiones. Básicamente íbamos a una ciudad para poder ir con el Teo a una piscina de bolas. Nos habían dicho que allí había un parque de estos, pero no estábamos seguros de que nos hubieran entendido. Antes paramos en Baranissa, que también nos habían dicho que era tan bonito. Hombre... tampoco es que fuera par tirar cohetes. Estaba lleno de hoteles y restaurantes, pero tuvimos suerte en algo. Al salir de la auto escuchamos música de gaitas y flautas. Como ratones siguiendo a un flautista nos fuimos hacia donde estaba la música. Era un restaurante para turistas que ofrecía un espectáculo para los clientes. Con todo el morro nos colamos. Eran dos parejas bailando danzas tradicionales junto a un grupo de música. ¡Qué maravilla! Los que me conocéis ya sabéis que siento debilidad por los ritmos de estas tierras. Es una pasada ver como realizan complicados pasos casi acrobáticos como si de un paseo se tratara. Y los vestidos, ¡pero qué bonitos! Cuando acabaron fuimos a dar una vuelta por el pueblo y después seguimos hacia la ciudad. Más de dos horas estuvimos dando vueltas para encontrar el parquecito, y nada. Después de visitar todos los centros comerciales de la ciudad, dar la vuelta a todo un barrio para acabar en el mismo sitio y preguntar a cuatro personas, desistimos. Nos fuimos a comprar al Lidl e hicimos el último intento. Vimos a dos chicas con sus hijas y probamos suerte, Una de ellas hablaba inglés y nos dijo que a 100 metros de allí había uno (era en el primer centro comercial al que habíamos ido, pero como no había luz no lo habíamos visto). Dormimos en medio de la ciudad y a la mañana siguiente fuimos para allá. Estuvimos dos horas y después fuimos hacia el centro antiguo. 
Era un recinto amurallado con un castillo y una iglesia. Pero había que pagar para entrar, así que ahí se quedó. Fuera de eso y un par de calles monas, la ciudad nos pareció más bien fea. Bloques de pisos tipo periferia, muchas tiendas, casas en ruinas... Además Teo pilló un rebote porque no se podía dormir y empezó a llorar y a llorar, un trailer con muy malas pulgas no podía pasar por la calle justo cuando Raúl se había ido a pasear con el Teo y tuve que sacar la auto marcha atrás por un callejón, una familia muy sospechosa no paraba de pasar una y otra vez por el lado de la auto mirando dentro... No, sin duda este no ha sido uno de nuestros sitios favoritos. Para colmo se nos hizo tarde y tuvimos que dormir allí. Y llovió. A la mañana siguiente huímos de allí en dirección al Parque Nacional de los Balcanes. ¡Montañita, por favor!


(11 noviembre 2013)

sábado, 9 de noviembre de 2013

Haciendo un HelpX en Lomtsi, Bulgaria

Estas dos últimas semanas hemos estado en un pequeño pueblo llamado Lomtsi, al norte de Bulgaria. No hemos escrito antes porque la verdad, los ratos que teníamos para usar internet los hemos aprovechado para charlar con la familia y ver dibujos animados.
Estamos en casa de Sheleen y Andrew, una pareja inglesa que se enamoraron del lugar y decidieron quedarse hace ya seis años. Andrew no estaba porque había tenido que marchar a Inglaterra. Ah! Y además de Sheleen estaban sus tres perros, Dante, Little Fellow y Nillie. Son un poquito chillones, pero qué se le va a hacer... Sheleen adora con locura a los perros, así que Atlanta ha estado como una reina, comiendo higaditos y patitas de pollo. No nos ha faltado el trabajo. En casa de Shellen hemos cortado leña, hemos limpiado el jardín, hemos hecho algunas tareas de casa y hemos cocinado. Por otra parte también estaba la casa de su madre, que ha estado cerrada desde que la compraron hace cinco años y necesitaba muuuucho trabajo: sacar los muebles viejos, limpiar telarañas, barrer, romper, podar todos los árboles, recoger miles de nueces, quemar todo lo quemable, hacer una valla... A parte de nosotros también estaba John, un amigo griego que también ha hecho algo de trabajo. La verdad es que, como siempre, hemos estado de lujo. Shelly es una gran cocinera y nos ha preparado unos platos deliciosos. Nosotros también hemos puesto todo nuestro empeño para dejar nuestra habilidad culinaria en buena posición y hemos cocinado croquetas, tortilla de patatas, porrusalda, arroz con leche, trinxat de la Cerdanya y, como no, panellets para Tots Sants. Mañana prepararemos una paella. Faltan algunos ingredientes un poquito importantes, como la sepia, las almejas y los escamarlanes, pero es que aquí no es fácil encontrar estas delicatessen. Con unas gambitas congeladas y unos mejillones pelados intentaremos hacer algo decente. Lo bueno es que nadie ha probado antes la paella...
La casa es muy bonita y acogedora. ¡Y tiene ducha con agua calentita!. El tiempo ha seguido siendo impresionante y hemos podido estar fuera todos los días. Un día fuimos a Popovo, el pueblo grande más cercano y comimos en un restaurante. Antes dimos una vuelta por el mercadillo. Fue como hacer un viaje en el tiempo aunque no sabríamos muy bien cuánto tiempo atrás, tal vez 30 o 40 años. Y no solo el mercadillo, también las calles, los parques, las tiendas. Era difícil saber si lo que vendían era nuevo o de segunda mano.
En este Helpx también han habido algunas cosas que no nos han gustado tanto, pero no tenemos ningún derecho a quejarnos. Como ya hemos dicho alguna vez, el hecho que alguien te ofrezca su casa, su respeto y su confianza queda por encima de cualquier incoveniente.

Desde aquí iremos rumbo al sur, como siempre. Queremos pasar por las montañas de los Balcanes, que están en el centro del país y desde allí no sabemos muy bien si iremos hacia el Mar Negro otra vez para entrar en Turquía por Istambul o si bajaremos recto para entrar por el oeste del país. Por cierto, ya tenemos los billetes para ir a Cataluña en diciembre. Saldremos desde Istambul el 17 y nos volveremos el 8 de enero. Al final la Atlanta se quedará en Turquía. A través de una amiga de Roquetes hemos contactado con un chica que vive allí. Sus padres cuidarán de la Atlanta y la Mestral mientras estemos fuera. ¡Moltes gràcies, Susanna! Pero aún queda mucho para eso. De momento seguiremos descubriendo Bulgaria.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Y entramos en Bulgaria

     Al entrar en Bulgaria la sensación al ver los carteles fue totalmente contraria a la que tuvimos en Rumanía. Ya no es sólo que no entendamos lo que pone en los carteles, es que ni siquiera somos capaces de leerlo! Poco a poco intento transcribir los signos, pero es muy difícil: 3:S; M:I; pi: L... También esta la R girada en espejo que no es una R, una E mirando para abajo... Bueno, puede ser divertido. Al menos los nombres de las ciudades en la carretera está en los dos alfabetos. Enseñamos los pasaportes en la frontera, compramos la viñeta para circular y cambiamos algo de dinero. Las carreteras parecen más nuevas que en Rumanía y al cabo de una horilla de viaje paramos en un pueblo llamado Oven. Raúl preguntó a los vecinos si podíamos dormir allí. De esto siempre se encarga él que tiene más gracia que yo, es todo un relaciones públicas!. Con el visto bueno del vecindario salimos a dar una vuelta. 

Cuando se hizo de noche nos fuimos para casa y empezamos a preparar una sopa con pollo para cenar. Entonces alguien picó en la ventana... ¡Merda!¡Un poli! ¡Y es que resulta que habíamos aparcado delante de su casa! Uno del pueblo con un poquitín de mala baba había ido a buscarlo para que nos dijera algo. Abrimos la puerta y Raúl le explicó con gestos como hace siempre “parking-una noche-dormir-mañana-marchamos-Niño-comer-dormir”. Le invitamos a pasar para que viera que no era una caravana gitana, que seguramente era lo que se pensaba. Entonces empezó a girarse la tortilla... Y acabó de darse la vuelta cuando le preguntamos que si hablaba ingles. Emocionado dijo que “small” y empezó a explicar que había estado en Londres durante 6 meses. Y entonces nos dijo que aparcáramos en su garaje. “No, gracias. Ya estamos bien aquí...” Insistió e insistió. No paraba de hablar algo que quería parecer inglés y no tuvimos más remedio que llevar la auto a su casa, y es que además llevaba la pistola... Entonces, y con nuestra sopa a medio hacer, nos invitó a cenar en su casa. Una vez más, insistió e insistió hasta que no tuvimos más remedio que aceptar. Y es que además seguía llevando la pistola... Su mujer estaba preparando sopa también, pero debió pensar que no era digna para nosotros, así que preparó una especie de morcillas que había hecho él mismo el día anterior con su vaca. Todo era muy cómico, casi esperpéntico. El poli con el uniforme y la pipa preparando las morcillas, diálogos de besugo que ninguna de las dos partes entendía (pero que todos hacíamos cara de entenderlo todo, por supuesto...), y comída y más comida apareciendo sobre la mesa. Cuando Raúl le dijo que era también policía hizo un gesto al cielo de “gracias, dios mío!” y dijo que Él había planeado que fuéramos allí. Y luego sacó la Rakia, un aguardiente casero que iban bebiendo como si fuera zumo de melocotón. No sabíamos como salir de allí. Cada vez que empezábamos a decir algo como “bueno, se hace tarde...” sacaban otra cosa de comer o volvían a llenar el vaso de rakia. Yo empezaba a sospechar que nos querían raptar... Finalmente conseguimos salir y nos fuimos a dormir más p'allá que p'acá.
Y por la mañana, más sorpresas. Evidentemente, no nos dejarían desayunar solos. Bueno, un cafetito y unas galletas y ya está. Pues no. Un cuenco lleno hasta arriba de sopa de pollo con fideos y leche. Hicimos el esfuerzo de comérnosla toda. Bueno, el Raúl hizo trampa y se dejó el pollo. Cuando ya parecía que nos podíamos ir apareció el poli vestido de uniforme para hacerse una foto con nosotros. Sin comentarios... Conseguimos marchar, no sin antes hacer un intercambio de direcciones de Skype (Uf! no me puedo ni imaginar una conversación).


     Hacemos broma de toda la situación y no podemos evitar reirnos al recordar algunos “diálogos”, pero en el fondo estamos muy agradecidos por la acogida y la confianza que demuestran aquellos que nos abren la puerta de su casa sin más.


     Seguimos dirección a Lomtsi, donde nos esperaban en un par de días, pero decidimos parar para echarnos una siesta y acabar de digerir el desayuno. Paramos al lado de un parque y al final de la tarde acabamos tomando el té con todas las madres que habían ido allí con sus hijos. Esta vez los anfitriones éramos nosotros.

martes, 29 de octubre de 2013

Últimos días en Rumanía

     Después de dejar la playa fuimos a Constanta. Buscando rápidamente imágenes en el Google sólo encontramos un edificio importante. Era una enorme construcción modernista en la orilla misma del mar. Al llegar a la ciudad no encontrábamos el edificio por ninguna parte. La ciudad seguía la linea de otras ciudades por las que habíamos pasado aunque quizás con un aire más moderno. Había un enorme centro comercial y muchos hoteles nuevos. Suponemos que debe ser un destino turístico importante. Paramos en un súper para llenar la despensa y cuando salimos ya era de noche. Una vez más nos tocaba buscar “hotel” casi a oscuras. Encima necesitábamos urgentemente internet para encontrar un Helpx en Bulgaria, ya que al final no podíamos ir al de Rumanía que teníamos pensado. Así que ya nos veis con el portátil en marcha enganchado a la ventana callejeando para cazar alguna señal. Lo hemos intentado dos veces y no hace falta que lo intenteis: no funciona, a no ser que el ordenador sea súper-megaveloz, que no es nuestro caso. Parecíamos de la secreta. Desistimos de internet y seguimos buscando parking.

      De noche casi todos los sitios parecen sospechosos. Los edificios parecen en ruinas, las caras oscuras parecen poco amistosas y tienes la sensación de que al final de cada calle te está esperando una banda de mafiosos (tranquilos, nunca es así). En una de éstas, encontramos un restaurante de lujo con parking en la calle. ¡Y mira tú por dónde, llegaba una señal de internet! Y para acabarlo de redondear, cuando salimos nos damos cuenta de que estamos delante del edificio modernista. ¡Toma qué bien! Por la mañana fuimos a dar un paseo. Un puerto deportivo con restaurantes italianos monísimos, un centro antiguo con todas las calles en obras, un museo de historia con una importante colección de restos romanos, varias iglesias, un par de mezquitas... Un monje vestido con una túnica marron y un gorrito de ganchillo nos regaló un vaso con una especie de trigo con leche, coco y frutos secos. No entendimos nada, pero nos gustó el gesto y encima estaba muy bueno.

     Como estábamos cerca del mar pensamos que sería un buen sitio para comer pescado fresco. No es fácil encontrar pescado en los súpers y menos aun encontrar una pescadería. Pero nos quedamos con las ganas porque para sorpresa nuestra nos dijeron que no había ningún restaurante que lo sirviera. Como ya era tarde nos tuvimos que conformar con los restos de la noche anterior.
De Constanta fuimos a Eforie, también a orillas del mar. Yo tenía ganas de dormir cerca de la playa, lavarme la cara con el agua salada y esperar en la arena a que acabara de subir el sol. Pero como el pescado fresco, tendrá que ser en otra ocasión. La playa en si no estaba mal, pero estaba rodeada de todo un complejo turístico que me recordaba a un parque de atracciones viejo y abandonado. Los chiringuitos estaban tapiados con tablones de madera, los toldos, rasgados, las letras de los carteles, desenganchadas.... El cuadro lo acababa de completar un par de sofás viejos de terciopelo con botellas de cerveza vacías alrededor y un señor borracho saliendo de una esquina. Parecía que hubiese pasado un huracán. A Raúl le dió muy mal rollo y nos fuimos a dormir al pueblo. Buscamos en internet a ver si encontrábamos algo que explicara semejante estampa y no encontramos nada. Es más, encontramos videos de este verano pasado con esas mismas playa repletas de gente.
Y de aquí ya salimos en dirección a Bulgaria. Nos han aceptado en la casa de unos ingleses en un pueblo que se llama Lomtsi. Calculamos que en una semana estaremos allí. No pasaremos por Bucarest. Es posible que nos estemos perdiendo una joya, pero con la visita a Budapest llenamos el cupo de ciudades grandes al menos hasta Estambul.
Y se acabó Rumanía. ¡Ay, Rumanía! Aun no hemos marchado y ya la echamos de menos... Queda apuntada para un próximo viaje.


martes, 22 de octubre de 2013

¡El mar!



     Debemos tener más sal de lo normal en la sangre, porque cuando llevamos tiempo sin ver el mar lo echamos de menos. Por eso me he emocionado cuando lo hemos vuelto a ver. El mar Negro. El dia nos ha acompañado con un sol espléndido y 21 grados de temperatura. Teo ha empezado mojándose los pies y ha acabado en pelotillas tomando el sol. ¡Qué gustazo!

Por cierto, estamos en Constanta, y ooootra vez cambiamos el rumbo. Un paseito más y nos vamos a Bulgaria.

El delta del Danubio

     Y después de tres o cuatro días de ruta dejando atrás las montañas y atravesando la llanura llegamos a Murghiol, en el delta del Danubio. Nos instalamos en un camping porque necesitábamos urgentemente hacer lavadoras y limpiar a fondo la auto, y limpiarnos a fondo también nosotros... Habíamos visto un camping por internet, pero al llegar al pueblo vimos que estaba lleno de diferentes alojamientos. Nada más llegar un hombre nos lleva hasta su camping. Es un poco cochambrosillo y no tiene internet. Nos dice que él es el único que está abierto, pero por si a caso seguimos buscando. En el que habíamos visto por internet no aparece nadie así que al final acabamos en una pensión-camping con bungalows. Como no hay ningún huésped más nos dejan usar la casita donde está la cocina, un salón y el baño. ¡Vaya lujazo! Siempre que tenemos cocina, aprovechamos para hacer una buena tortilla de patatas y un caldo de esos que hacen chup-chup tranquilamente. Esta vez fue un potaje de judías con panceta y butifarra. Nada, algo ligerito... Al día siguiente de llegar fuimos a dar un paseo en lancha. Nos pareció un poco caro, 50€ los tres por un paseo de 2 horas, pero tampoco podíamos ponernos a buscar y comparar precios. Por otra parte, esa era la única manera de poder ver algo.


   La zona es impresionante, gigante. El río se divide en tres brazos serpenteantes y cientos de lagos y humedales. Parecía que habíamos vuelto a los manglares de Venezuela. En primavera está lleno de pelícanos, pero ahora ya han marchado y solo pudimos ver uno despistado. También pudimos ver un montón de cisnes, garcetas, gaviotas y un cormorán grande. El Teo dice que le gustó ir en el “catamarán” pero se asustaba un poco cuando iba muy rápido. Bueno, yo también..
.Cuando marchamos de allí nos dirigimos hacia el sur y después de mucho buscar acabamos aparcando en el parking de unas ruinas romanas al lado de un lago muy cerca del mar. Por la mañana fuimos a dar un paseo a ver si veíamos el agua, pero fue imposible. En lugar de eso, el Teo se encontró una serpiente "morida".