lunes, 16 de diciembre de 2013

Se que queda un poco feo, poner las fotos asi a a saco, pero no tenemos tiempo para hacer composiciones. Aqui van algunas fotos que prometimos a otra gente y algo más. Mañana vamos para Catalunya. Ya escribiremos con mas calma.











lunes, 9 de diciembre de 2013

Últimas noticias

Han pasado unos cuantos días, y unas cuantas cosas, pero no esperábamos tener conexión y no tenía ninguna entrada para publicar, pero aprovecharemos la ocasión y os contamos las últimas noticias. Muy rápido!
Estamos en un centro comercial al lado del mar negro. Nos ha caido una nevada impresionante y pensábamos que nos quedábamos aislados.
Estábamos en las montañas y fuimos corriendo hacia el mar porque empezaba a nevar. Pensamos que cerca del mar ya no nevaría, al estar a cota cero, pero nos equívocabamos! A medida que nos acercábamos iba nevando más y más. Nos metimos en una carretera qeu hacía pendiente y la auto patinaba. El Raúl es un artista y pudo sacar la auto de allí. Dimos media vuelta y dormimos en el siguiente pueblo. A la mañana siguiente estaba todo blanco!
Vaya pasada! Nos dijeron que la carretera estaba bien, así que decidimos seguir por la costa. La carretera seguía al lado de la vía del tren, así que se suponía que era plano, pero no! Imaginaros las curvas de Garraf con pendientes del 12% llenas de nieve y hielo... y sin cadenas! Pues nos quedamos clavados. Suerte que apareció un pick-up 4x4 y nos remolcó hasta la bajada.  La verdad es que pasamos un poco de miedo. Bueno, yo estaba cagada! En cuanto paramos, abrimos una botella de vino para celebrar que lo habíamos conseguido.Hoy ha salido un poco el sol y el hielo se ha fundido así que hemos podido salir de esa carretera del infierno.
Seguiremos por la costa hasta Estambul. Vamos sobrados de tiempo, pero no nos la queríamos jugar.
Bueno, la proxima vez procuraré tener una entrada con lo que hemos hecho y visto por aquí. Y fotos!

viernes, 29 de noviembre de 2013

Últimamente por Turquía (II)


Pues resulta que habíamos dormido en una zona de surgencias geotérmicas. Por la mañana fuimos a dar un paseo y las vimos. Aquí y allá se levantaban pequeñas nubes de vapor desde el suelo. Un par de kilómetros más abajo había un mega hotel con spa y demás, pero nos pareció raro que no hubieran restos de piscinas antiguas. Lo que sí había eran tuberías que se dirigían a las casas para dar agua caliente y calefacción. También había algunas basas pequeñas tapadas con tablones de madera que dejaban pasar el vapor y donde se sentaba la gente a charlar. Esraban debajo de una especies de chambaos con restos de plástico de invernadero. Talvez en algún momento se cierren para hacer una especie de hamam.


Después del paseo yo me fui a tomar el té con la dueña del hotel en cuyo parking habíamos dormido. Intentamos hablar, pero fue imposible. La "conversación" se limitó a gestos para explicar cosas básicas y sin importancia pero seguidas de una sonrisa que es seguramente una de los pocos que todos entendemos. La señora nos regaló tomates, membrillos y manzanas y nosotros le dimos una botella de nuestro aceite. La verdad es que no tenemos mucho más que ofrecer. Después seguimos nuestro camino por la carretera hacia el Este. Paramos a comer en una ciudad pequeña y dormimos en un pueblecito rodeado de montañas y robledales.
Ahora estamos en Gediz. Desde la carretera hemos visto una estructura enorme de toboganes y hemos ido a ver que era. Por lo que hemos podido ver, es una especie de parque de ocio con un montón de glorietas de madera, cada una con su barbacoa, fuentes de colores, figuras de animales a escala real, pérgolas, casitas de madera encima de algunos árboles y mucho más. Hemos preguntado si se tenía que pagar y nos han dicho que no. Luego ha venido la poli de paisano con las placas en la mano y también nos ha dado el visto bueno (sshhh...por cierto, están ahí al lado escondidos cuidándonos o vigilándonos, eso no lo sé...) Mañana nos quedaremos jugando un ratillo por aquí antes de ponernos en marcha. Ah! Y por aquí ya empieza a hacer más frío. Estamos cerca de unas montañas nevadas y eso se nota en el airecillo. Pero en nuestra casita se está tan bien...

(28 de noviembre 2013)


Últimamente por Turquía...

 Desde la última entrada que pudimos publicar hemos hecho unos cuantos kilómetros por Turquía.



 Afortunadamente, después de la última noche en el precioso rincón de la península de Gallipoli, el día amaneció nublado. Digo afortunadamente porque otro día de radiante sol hubiera sido una tentación para quedarnos allí. Fuimos hacia el puerto donde tomamos el ferry para cruzar el canal de Bogazi hasta Cannakale. Desde allí continuamos rumbo al sur por la costa. Encontramos algunas playas bonitas, pero siempre decoradas con bolsas de basura y latas vacías. Por fin pudimos comprar pescado fresco y Raúl lo cocinó a la brasa en una horno que cavamos en el suelo de la playa. Atravesamos montes de olivos, prados entre montañas y bosques de unos robles que no habíamos visto antes. Pasamos por Troya, la del famoso caballo de madera, pero no entramos porque había que pagar 6 euros cada uno. También pasamos por una Alejandría, con las ruinas del las termas más grandes de Turquía. Por aquí y por allá vamos encontrando restos de edificios griegos. Y es que nos vendría muy bien hacer un repaso de los libros de historia del instituto para saber bien por donde andamos. No sabíamos que aquí encontraríamos tantas ruinas. Pasados unos 300 kilómetros fuimos hacia el interior. Lo que venía de costa estaba lleno de hoteles y nos imaginábamos lo que nos podíamos encontrar.
Menos mal que tomamos esa decisión, porque hoy hemos sabido que están habiendo grandes inundaciones por esa zona. Fuimos hacia el Este hasta llegar a Bergama, donde se encuentra la Acrópolis de Pergamo. ¿Os suena la palabra pergamino? ¡Exacto! Aquí es donde se inventaron y aquí estaba la primera biblioteca de la Antigua Grecia. Nos quedamos una noche y medio día paseando por el barrio antiguo y comprando comida en el bazar. Al Teo le encantó porque en cada sitio que parábamos le regalaban algo: un platano pequeñito, dos mandarinas, una cucharada de miel, trocitos de queso, un puñadito de caramelos... Hasta le regalaron un colgante con un ojito azul típico de aquí. Pudimos andar tranquilamente sin el agobio del "amigo, compra, barato!" de otras ciudades árabes. Y cuando estuvimos en el barrio antiguo,¡Oh! ¡un regalito para mí! Nos encontramos con una boda en medio de una plazuela. A un lado de la plaza, las mujeres sentaditas en sillas de plástico y junto a ellas, la novia con un vestido rojo ajustado ideal para la entrega de los Oscars y el pelo teñido de rubio con un recogido rococó. Al otro, los hombres, sentados en mesas tomando cerveza. Y en el medio un clarinetista y un tambor. De pronto y casi sin mediar palabra los chicos hacen un círculo alrededor del clarinete y se ponen a bailar perfectamente sincronizados. Eran pasos sencillos, parecidos a una danza griega, pero resultaba tremendamente elegante y emotivo. Nos quedamos en un rinconcito. La novia me hizo un gesto de que fuera a bailar, pero ninguna mujer bailaba y tampoco estoy segura de que la forma que hemos aprendido para bailar esos ritmos sea políticamente correcta aquí, en algunos lugares las bailarinas se consideran algo así como prostitutas. Así pues, preferí quedarme sentada con ellas comiendo mandarina y disfrutando hasta que marcharon los músicos.


Y hoy estamos en algún lugar en la montaña. Hemos seguido un cartel marrón, que indican monumentos y cosas por el estilo, y hemos ido a parar a algun sitio con aguas termales. Hemos llegado de noche, así que no tenemos ni idea de lo que es, ni de si más adelante hay algunos baños. Un señor que nos ha visto llegar ha insistido en buscarnos un aparcamiento corriendo de aquí para llá con una linterna y no hemos podido decir que no. Mañana haremos una excursión, a ver qué encontramos.
En cuanto al tiempo, la noche del pescado a la brasa cayó una tormenta increible. La auto se movía como un barco y yo me temía despertar dos pueblos más allá. Desde entonces prácticamente no ha parado de llover. Por suerte no hace nada de frío. Debemos estar a unos 15 grados por el día y unos 12 por la noche. Además hemos tapado la mayoría de las rendijas por donde entraba el frío en la auto y solo encendemos la calefacción un ratito de tanto en tanto hasta la hora de ir a dormir (Ah! Estoy preparando una entrada con las reparaciones y mejoras que hemos hecho en la auto. A ver si puedo publicarla pronto..) Alguna noche incluso hemos tenido calor. Así que, tranquila mama.
Como imaginareis, no está siendo fácil conectarnos a internet. Los pueblos por los que pasamos son muy pequeños y si hay alguna señal, es privada y cerrada. De vez en cuando aparece una tal "TTnet" abierta, pero enlaza a una página con las tarifas de la conexión. Por eso estas parrafadas... La última (y única) vez que nos conectamos fue en un centro comercial que tenía señal.
Bueno, seguiremos buscando.

(26 de noviembre 2013)


sábado, 23 de noviembre de 2013

Turquía. Esto promete...

Mi casa son las estrellas
que están el el firmamento,
mi manta, el agua del mar,
y mi respiración,
el viento.

Después de la aventura en la frontera y pasar por una ciudad más bien fea, dormimos en un pueblo de cuatro casas, un bar y una mezquita. Un consejo: si tenéis que dormir en un país islámico, no lo hagáis al lado de la mezquita. El muyaidin llama a la oración cada cierto tiempo. Los cantos pueden resultar agradables, pero a las 6 de la mañana, no. De allí fuimos hacia la península de Gallipoli. Campos de olivos, almendros y olor de higueras nos hacen sentir como en casa. Y aquí nos hemos hecho los perezosos. La primera noche dormimos al lado del puerto, ansiosos de estar junto al mar, pero al día siguiente encontramos una playa en la punta más lejana de la península. Estamos en nuestro hotel de lujo frente al canal de Bogarti, donde el mar Egeo se junta con el mar de Marmara. Cargueros, ferries y pescadores transitan arriba y abajo en el horizonte. Cielo azul, sol radiante, brisa fresca, noche de luna llena. Habría sido una tontería no parar aquí. Hemos pasado las horas en la playa haciendo castillos de arena y pintando piedras con acuarelas. Para comer, una cazuela de fideos con cangrejos recién cogidos de entre las rocas. Momentos como éstos me hacen pensar en lo afortunados que somos de poder estar aquí haciendo lo que hacemos. Y doy gracias a quien se les tenga que dar por nuestra buena estrella. Mañana, si nos apetece, tomaremos un ferry para cruzar el canal y dar una vuelta por el país hasta llegar a Istanbul. Aún podemos costear unos días hasta dirigirnos hacia el interior. Pero con este lugar el listón ha quedado muy alto.


(19 noviembre 2013)



Historias fronterizas...



Hasta ahora no habíamos tenido ningún problema en las fronteras. En la Europa del Oeste los pasos de frontera eran como mucho unas garitas abandonadas. A veces la frontera se limitaba a un cartel con el nombre del nuevo país y otras veces no nos dábamos cuenta de que habíamos cambiado de país hasta que veíamos alguna señal escrita en otro idioma. La primera vez que nos pidieron los pasaportes fue en la frontera entre Eslovaquia y Rumania, tanto para salir de un pais como para entrar en el otro. Al salir de Rumanía la garita estaba totalmente desierta, pero al entrar en Bulgaria también nos pidieron los pasaportes y tuvimos que comprar la viñeta para circular allí mismo. Igualmente tuvimos que enseñarlos para salir de Bulgaria y entrar en Grecia. Siempre el mismo ritual. Miran los pasaportes, leen nuestros nombres con una pronunciación exótica y miran por la ventanilla o desde la puerta para ver si está el Teo y, ya de paso, cotillear un poco. Cuando ven que somos de España siempre hay algún comentario futbolístico sobre el Barça y el Madrid o sobre Valverde (suponemos que hay algún deportista con el mismo apellido). Nos hacemos un poco los tontos, jiji, jaja y les seguimos la broma.
Por eso la movida que hemos tenido hoy para entrar en Turquía nos ha pillado por sorpresa. Cuando planeamos el viaje no teníamos pensado salir de Europa y hasta hoy no habíamos tomado conciencia de que, claro, Turquía ya no es Europa. Paramos, enseñamos los pasaportes y nos mandan a pagar un visado. 15 € por cabeza. Seguimos hacia adelante y encontramos otra barrera. El hombre de la caseta, una especie de Freddie Mercury con nariz turca nos dice con señas algo sobre el 2. Buscamos un 2 por alguna parte y encontramos una taquilla, pero es para salir del pais. Nos manda para otro lado. Volvemos a preguntar y nos vuelven a enviar para la barrera de Freddie. ¿A ver si quería decir que no podemos salir hasta las 2? Pero hemos visto salir camiones por el mismo camino. Freddie nos mira a lo lejos con cara de "¿estos son tontos o se lo hacen?" Sale de su refugio y nos dice que le sigamos. Nos lleva a una garita por la que ya habíamos pasado. Raul les explica que ya hemos enseñado el pasaporte y tenemos el visado. No, falta enseñar la carta verde. El carnet de conducir internacional querrán decir... No, el papelito verde del seguro que nosotros no tenemos. Merda! ¿Y ahora qué? No estábamos seguros de que la póliza tuviera cobertura fuera de Europa. Nos dicen que si tenemos cobertura internacional nuestra compañía puede enviar una copia por fax a la aduana turca. Y si no, pagando, San Pedro canta. Raúl llama a la compañía. La buena noticia es que sí que tenemos cobertura y nos pueden mandar una copia de la carta verde. La mala noticia es que la pueden enviar sólo por correo postal certificado, no por fax. La otra alternativa era pedir una copia en la oficina de seguros de la frontera enseñando el recibo del nuestra póliza. Pues toca pagar. Se va Raúl a hacer las gestiones. En éstas el Teo ya esta muertito de sueño y pide teta. Pero la cosa va para largo... Entonces suena el teléfono. Era la chica de la compañía de seguros. Se había apiadado de nosotros y nos había enviado la dichosa carta por mail. Despierto al Teo, salimos de la auto y empezamos a buscar al Raúl por todos los edificios. Parecía una película de Almodóvar, corriendo para arriba y para abajo con el niño a la cadera preguntando a la poli si habían visto a mi marido (cuando hace falta estamos casadísimos), un chico con un jersey rojo. Evidentemente nadie me entiende. Me manda para allí, para la derecha... Les digo la palabra "seguro auto" y unos de lospolis me manda para el Duty Free. Pues voy para allá. Allí está la oficina de seguros y el banco. Me encuentro al Raúl peleandose con los del banco porque no le quieren cambiar un billete de 100 euros porque está manchado, pero si no cambia el dinero no puede pagar a los que hacen la carta verde. Menos mal que ha habido esta trifulca, porque si no, nos hubiese costado la broma 65 euros más. Bien, ya estamos los tres juntos. La carta verde está en su correo. Ahora necesitamos un ordenador con impresora y una alma caritativa que nos deje usarlos. Nos mandan al mafioso del banco. ¡Ni de broma! Nos vamos a la oficina del policía que me mandó al Duty Free a probar suerte. ¡Sí! No sabemos si nos ha entendido, pero nos deja usar el ordenador. Mientras el Raúl intenta abrir su correo usando un teclado con las letras cambiadas de sitio, el poli intenta decirle cosas al Teo. Pero habla tan fuerte que el Teo se queda callado. "¿No habla?" me pregunta. Era para decirle, "hombre, usted habla muy fuerte, lleva un gorro de lana aquí dentro, cosa un poco rara, y tiene una pistola. Si no fuera necesario tampoco yo le hablaría". Pero sonreí y me callé.
-¿De donde de España?
-Barcelona
-Ah! Barça!
-(jiji, jaja)
-Aqui, Galatasarai.
-Mmmmm...

Pero el tío se enrolló. Imprimimos el papelito y no nos cobró nada. Seguimos con la ginkama. Ahora, a llevárselo al del la caseta 2. ¡Pero hay cambio de turno! Pillamos por los pelos al que nos atendió primero, pero tiene prisa. Le dice algo al nuevo funcionario y se va. Ooootra vez, enseñamos pasaportes, visados, papeles... Al cabo de un cuarto de hora nos devuelven todo y nos dejan marchar. Ah! De regalo nos daban el pasaporte de un hombre griego que estaba delante de nosotros...La oferta del día, supongo.
Volvemos a visitar a Freddie y esta vez nos deja pasar. Después de unas dos horas, llegamos a Turquía. Llegamos a la jungla.
En todo esto, la cuarta integrante de la expedición, Atlanta, ha resultado, como siempre, invisible. Ya pueden caer chuzos de punta que ella no se mueve de los pies del asiento del copiloto (es que ahí está la salida de la calefacción). En ninguna frontera se han dado cuenta de que viaja con nosotros, ni siquiera la vez que un poli entró para ver si estaba el Teo dentro. Menos mal, porque mirando su pasaporte hemos visto que sólo es válido en Europa. ¡Llevamos un polizón a bordo!

(16 noviembre 2013)


¿Turquía? No, todavía no.



Definitivamente, lo que hemos visto de Bulgaria no nos ha gustado. No le hemos encontrado mucha gracia, ni en los paisajes, ni en los pueblos y mucho menos en las ciudades. Después de cruzar los Balcanes pasamos por Plovdiv. Sabemos que hay un anfiteatro romano en el centro, pero no nos atrevimos a ir. Es muy engorroso moverse por los centros de las ciudades, encontrar aparcamiento es casi imposible y en general el ambiente no nos estaba resultando muy de confianza como para dejar la auto sola. Además nos temíamos llevarnos una desilusión y consideramos que no valía la pena liarnos. Hicimos muchos kilómetros hasta encontrar un sitio donde pudiéramos sentirnos tranquilos y seguros. Y es que todos los pueblos por los que pasábamos estaban medio en ruinas y sin una chispita de gracia. Teníamos intención de tirar hacia el Mar Negro de nuevo, pero por el talante que hemos ido viendo por todo el país intuíamos como podía ser la costa. Uno de los pueblos considerados más bonitos es Sozopol, pero por las fotos que hemos visto tiene toda la pinta de ser algo así como Peñíscola. Un recinto amurallado bonito rodeado de mega hoteles de hormigón de los años 70-80. Creo que Sozopol se une a otro pueblo que se llama Sunny Beach. Con eso queda todo dicho...
Así pues, tomamos la directa hacia Turquía. Pero a 10 kilómetros de la frontera cambiamos de idea. En lugar de bajar por Turquía iríamos por el extremo oriental de Grecia. Por curiosidad, más que nada. En la ruta que tomamos, la carretera estaba desierta y a penas había pueblos. Pero al entrar en el país fue como si de golpe volviéramos a España. Las casas de adobe de Bulgaria habían desaparecido, así como las construcciones de hormigón armado, las fábricas abandonadas y los tractores viejos destartalados por todas partes. En su lugar pasamos por un par de pueblos que bien podía ser, qué se yo, algo así como Segur de Calafell o alguna urbanización de por ahí. Bloques de apartamentos bastante nuevos y casas con terreno de “estilo libre”. No había basura por las calles, ni perros sueltos, ni gente andando por la carretera. Todo era diferente. ¡Hasta nos paró la policia! (Pero no nos dijeron nada y eso que el Teo estaba fuera de la sillita durmiendo encima mío. “Just be careful!”, nos dijo el poli en un tono paternalista.) Desde la carretera principal tomamos un desvío hacia un Parque Nacional, pero no sabemos cual es, ya que los carteles están en alfabeto griego. Bosques de pinos, robles, encinas y alguna higuera que nos anunciaban que el Mediterraneo no andaba muy lejos. Paramos en el camino para comer y el bosque nos regalo el plato principal: ¡rovellones!. Montones de rovellones por todas partes. Raúl y Teo fueron a cogerlos y en diez minutos tenían una caja llena. Teníamos para la comida, la cena y otro comida más. ¡Y la de kilos que se quedaron alli! Después de comer seguimos un poco más y paramos en otro pueblo con pinta de urbanización para dormir. Al día siguiente, esta vez sí, entraríamos en Turquia por el suroeste. Eso si no nos atrapaba el mar...
No estamos seguros de que esto nos guste más, pero al menos para mí ha sido un descanso. Bulgaria me estaba dando muy mal rollo y tenía ganas de marchar. Tenemos mucha suerte de poder viajar así.


(16 noviembre 2013)